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Campos electromagnéticos y cáncer.

Las sustancias cancerígenas son agentes externos cuya interacción con el organismo produce la alteración en el control del crecimiento y diferenciación celular originando un cáncer.

Existen distintos agentes cancerígenos externos reconocidos científicamente como son una dieta inadecuada, productos tóxicos de limpieza, de aseo, de cosmética, etc, tabaco y radiaciones ionizantes, todos ellos incluidos en el grupo 1 de agentes cancerígenos de la OMS[1] y no ionizantes, etc.

En la misma tabla encontramos el grupo 2B de posibles agentes cancerígenos para la especie humana junto con otros productos claramente nocivos como el humo de los automóviles, el cloroformo, el humo de motores, vegetales macerados, herbicidas clorofenóxicos (utilizados en la producción y aplicación de herbicidas) y el cloruro de metileno (utilizado como desengrasante, en farmacias o como plaguicida).

Los xenobióticos[2] son sustancias que se metabolizan y acumulan en el organismo produciendo daños para la salud. Son sustancias sintéticas, insecticidas, pesticidas, contaminantes del aire, metales pesados, medicamentos y aditivos de los alimentos y productos de higiene. Para eliminar los xenobióticos el organismo ha de procesarlos metabólicamente o transformarlos mediante la detoxificación[3].

Desde hace décadas disponemos de distintos estudios científicos realizados sobre habitantes de casas cercanas a líneas eléctricas de alta tensión[4]. La mayor parte de los estudios indican unos riesgos elevados, y sumados todos se comprueba un incremento estadístico del riesgo para la población, especialmente significativo en el caso de la leucemia en niños.

Desde el punto de vista científico (obviamente nos referimos a los investigadores que han estudiado el fenómeno o a los médicos que ven en sus pacientes la problemática), hace tiempo que no hay controversia más que en situar los valores límite permisibles. En este aspecto, el consenso mayoritario es el de aplicar los valores propuestos por la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, a través de la Resolución 1815 del 27 de mayo de 2011. Valores que, en el caso de las microondas de telecomunicaciones, están miles de veces por debajo de la actual legislación estatal en nuestro país.

La conclusión de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer de la Organización Mundial de la Salud alcanzada en el año 2001, de que los campos electromagnéticos de baja frecuencia deben considerarse como “posible carcinógeno humano”, indica que hay que aplicar sin demora el Principio de Precaución.

Esto significa que hay pruebas fiables de que la exposición a campos electromagnéticos de alta y baja frecuencia puede ser causa de cáncer, y que hay que limitar la exposición pública a las radiaciones de estas instalaciones (líneas eléctricas de alta tensión, antenas de telefonía móvil…), que garantice que los ciudadanos no estén expuestos a niveles superiores a los recomendados por la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, a través de la Resolución 1815; es decir: “establecer umbrales de prevención para los niveles de exposición a largo plazo a las microondas en interiores, de conformidad con el Principio de Precaución, que no superen 0,001 W/m, y a medio plazo reducirlo a 0,0001 W/m, cuando la exposición máxima típica de la población a las estaciones base de telefonía móvil actualmente es de 0,1W/m[5]; es decir, de 100 a 1000 veces superior.

En cualquier caso, es evidente que muchos estudios científicos indican que existe una relación entre la exposición a los campos electromagnéticos y un incremento del riesgo de cáncer, especialmente en la leucemia infantil. Los resultados obtenidos por muchos estudios durante décadas han encontrado un aumento del riesgo de diferentes tipos cáncer en niños y en adultos, tanto en exposición laboral como residencial[6].

 

[1] http://monographs.iarc.fr/ENG/Classification/latest_classif.php

[2] Compuestos sintetizados por el ser humano en el laboratorio

[3] Neutralización del poder tóxico de ciertos cuerpos

[4] https://www.emf-portal.org/de/article/overview/category/power-line-frequencies-epidem

[5] http://www.who.int/peh-emf/about/WhatisEMF/es/index4.html

[6] Algunos estudios científicos importantes:

Ahlbom, A., et al, 2000. A pooled analysis of magnetic fields and childhood leukaemia, British Journal of Cancer, Vol 83, pp. 692–8.

California Health Department, 2002. An evaluation of the possible risks from electric and magnetic fields (EMFs) from power lines, internal wiring, electrical occupations and appliances. California EMF Program.

Draper, G., Vincent, T., Kroll, M.E., Swanson, J., 2005. Childhood cancer in relation to high voltage power lines in England and Wales: a case control study. British Medical Journal 7503, 1290-1292.

Greenland, S., et al, 2000. A pooled analysis of magnetic fields wire codes, and childhood leukaemia, Epidemiology, Vol 11, pp. 624–34.

Few, A.P., Henshaw D.L., Wilding, R.J., and Keitch, P.A. 1999. Corona ions from power lines and increased exposure to pollutant aerosols. International Journal of Radiation Biology, 75(12), 1523-1531.

Henshaw, D.L. and Reiter, R.J., 2005. Do magnetic fields cause increased risk of childhood leukaemia via melatonin disruption? Bioelectromagnetics Supplement 7, S86-S97.

National Institute of Environmental Health Sciences (NIEHS), 1999. NIEHS Report on Health Effects from Exposure to Power-Line Frequency Electric and Magnetic Fields. NIH Publication No. 99-4493.

UK Childhood Cancer Study Investigators, 1999. Exposure to power frequency magnetic fields and the risk of childhood cancer. The Lancet, 354, 1925–31.

UK Childhood Cancer Study Investigators, 2000. Childhood cancer and residential proximity to power lines. British Journal Cancer, 83, No. 11, 1573–80.

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