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Entrevista a Raúl de la Rosa

Aparte de tu trayectoria como escritor, especialmente en temas vinculados al crecimiento interior y a la espiritualidad, has llevado una dilatada trayectoria en el ámbito de la ecología, la geobiología y en el de las radiaciones artificiales y su impacto en la salud. Explícanos cómo ha sido este camino en temas tan dispares.

Para mí no hay una especial disparidad, no puedo entender una sociedad ética, el respeto por la naturaleza y el ser humano, trabajar para que el mundo sea un poco mejor, sin una visión espiritual y un trabajo interior que nos lleve a conocer la realidad y a nosotros mismos más profundamente. Centrándonos en el área de los campos electromagnéticos y la salud, son más de veinticinco años desde que llegaron a mis manos los primeros libros e informes rusos sobre riesgos en la salud de diferentes focos electromagnéticos, y son más de veinte años de actividad, de investigación y de divulgación. Parece que fue ayer cuando, en los años 90, junto a Javier Núñez, titular de Biología Funcional, hicimos en la Facultad de Biológicas de Valencia varios de los primeros trabajos sobre radiaciones electromagnéticas sobre organismos vivos, especialmente en relación al estrés.
En estos años hemos vivido muchas situaciones difíciles, aunque ha valido la pena, ya que han nacido muchos movimientos vecinales en contra de que irradien indiscriminadamente sus localidades, viviendas y escuelas, y hoy en día estos riesgos sanitarios son conocidos por la mayoría de la población. Aunque sí que es cierto que aún sigue faltando mucha información para que la ciudadanía se haga una idea real de la dimensión de los riesgos a los que estamos sometidos.


Has dado muchas conferencias, y ayudado y asesorado a los colectivos de afectados, cómo ves en la actualidad el movimiento ciudadano. Son la clave para que se hayan conseguido grandes avances, sin ellos seguiríamos igual que hace años.
Hay que resaltar su energía y valentía, y cómo a pesar de la feroz oposición de la gran maquinaria que se desata en estos casos en su contra han logrado grandes victorias. En estos años, hemos vivido furibundas campañas de descrédito generadas por los intereses afectados, sus allegados y sus infiltrados en distintos estamentos, que hicieron que decayese la activa dinámica que se había emprendido. Por suerte, en los últimos años se ha reactivado con un renovado impulso ciudadano, lo que nos hace ver que estamos avanzando, aunque pueda parecer que estamos peor, ya que aunque hay más radiaciones que nunca en el medio ambiente, la rebelión ciudadana también está más activa y concienciada que nunca.


Tu libro “Contaminación electromagnética” fue el primero que se publicó sobre radiaciones y sus riesgos en la salud.

Efectivamente, en estos días se cumplen veinte años desde que escribí el primer libro publicado en español sobre los riesgos de los campos electromagnéticos, y precisamente ahora sale “La enfermedad silenciada”, que va un paso más allá en la actualización de esta pandemia que está afectando a todo el planeta y a todos los seres vivos. En este libro hacemos un repaso a una parte de las miles de investigaciones científicas que indican que existen efectos biológicos y riesgos en la salud, a la electrosensibilidad, a las medidas de precaución y protección, a los llamamientos científicos, a los juicios ganados por algunos David contra Goliat, y hacemos un repaso a las normativas y leyes.


Precisamente sobre eso quería preguntarte. ¿Cómo ves la nueva ley de telecomunicaciones que ha sido aprobada recientemente?

Es una ley que nace obsoleta. Está tan desfasada y fuera de toda lógica y del conocimiento científico y la realidad actual que hasta es bueno que haya salido, ya que esto hará ver más aún a la ciudadanía que no estamos protegidos por quien debería protegernos y que hay que adoptar verdaderas medidas de cautela, prevención y protección. Además, los ayuntamientos, que son los responsables de la salud de sus vecinos, no aceptarán una imposición que va en contra de los intereses ciudadanos que deben garantizar; y los juzgados, ante las pruebas científicas incontestables, seguirán dando la razón a los afectados, como ha sucedido en varios casos pioneros en los cuales he tenido el privilegio de participar. Pero aun así, nos queda aún una baza importante con respecto a esta ley. Lo primero es que debería derogarse, pero incluso así aún falta desarrollar el reglamento de los valores límite de exposición, o aplicar el del 2001 que está hoy tan desfasado como el día en que se promulgó, por lo que hay que instar al gobierno a que aplique sin demora los valores de la Resolución de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, que están miles de veces por debajo.


Has colaborado en que se ganasen pioneros juicios a favor de los afectados.

Así es, he participado en distintos juicios cuyas sentencias han dado la razón a los afectados en sus reivindicaciones para que cesase la invasión de las radiaciones en sus viviendas. He de resaltar la gran labor de los letrados, como es el caso de José Luis Mazón y de Alberto Arrate, para que se hiciese justicia en casos tan dolorosos como son los de niños afectados por las radiaciones de transformadores eléctricos o antenas de telefonía móvil en sus propios domicilios. Has realizado importantes trabajos para distintos ayuntamientos, en concreto hace poco hiciste el primer mapa de los lugares sensibles de toda una ciudad, como es el caso de San Sebastián. Así es, hice un informe y unas mediciones de las zonas sensibles de la ciudad a petición del propio ayuntamiento, para luego hacer un mapa de la ciudad en relación a los valores que se superaban en distintas áreas y que están dispuestos en la Resolución 1815 de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, y que el mismo ayuntamiento asumió. Fue un trabajo muy gratificante, y hay que resaltar el apoyo de todos los grupos políticos del consistorio. Esto es algo que todos los ayuntamientos deberían hacer para conocer los puntos más “calientes” de sus áreas urbanizadas, sobre todo de los lugares sensibles, especialmente donde haya niños, caso de colegios, parques, etc., para adoptar las medidas de prevención y precaución pertinentes.


Resulta sorprendente que algo tan importante no haya tenido más repercusión mediática.

No me resulta sorprendente. Los medios de comunicación no suelen hacerse eco con excesivo entusiasmo de estos temas de salud pública, por lo que sólo se ha conocido entre grupos de afectados y movimientos ciudadanos que tratan de velar por la salud de la población. Aunque, efectivamente, en cualquier otra circunstancia que no tuviese relación con la enfermedad silenciada hubiese tenido un gran despliegue mediático.


Como responsable de la campaña Escuela sin wifi de la Fundación Vivo Sano, cómo ves la actual situación, y qué esperas que suceda en los próximos tiempos en relación a este grave problema.

Es realmente descorazonador comprobar que en la mayor parte de los
colegios se usa el wifi sin ninguna consideración hacia los riesgos que pueda provocar en la salud de los niños, profesores y demás empleados. Desde la Fundación se lleva tiempo trabajando e informando para que se adopten medidas para solucionar definitivamente este grave problema. Los riesgos presentes y futuros para los niños son muy elevados, y esto es inaceptable. Gracias a la labor de Escuela sin wifi y de iniciativas ciudadanas se
está logrando que muchas escuelas estén cambiando el wifi inalámbrico, emisor de importantes dosis de radiofrecuencias, por cableado apantallado. En otros países ya se están llevando oficialmente estas medidas para eliminar estas radiofrecuencias en el medio ambiente. Aquí, como en tantas otras cosas, es una lucha de trincheras, colegio por colegio, padres y madres concienciados contra todo un muro de
incomprensión, contra el muro de un sistema anacrónico. Espero que esta absurda y peligrosa situación no tarde mucho en solucionarse y pronto podamos ver una normativa, bien sea estatal, autonómica o local, que elimine estos campos electromagnéticos de las escuelas en concreto y de lugares públicos en general.


La Fundación Vivo Sano está llevando una encuesta, ¿podrías respondernos a tres preguntas? ¿Crees que las radiaciones de los teléfonos móviles, antenas de telefonía móvil, sistemas wifi o líneas eléctricas perjudican la salud?

Hace veinte años que hicimos estudios de campo y de laboratorio que mostraban los importantes trastornos en las personas expuestas y efectos biológicos de los campos electromagnéticos de las altas y las bajas frecuencias, aunque muchos años antes esta relación estaba bien establecida. No parece haber duda alguna.


¿Crees que está demostrado científicamente que tienen efectos en la salud?

Como decía en la anterior pregunta, los riesgos están científicamente plena y totalmente demostrados desde hace décadas. Crear dudas sobre ello es simplemente ignorancia o mala fe.


¿Crees que estamos suficientemente protegidos con las leyes actuales?

Desde luego que no. Además, conforme las compañías encuentran más obstáculos por parte de los ciudadanos a instalar sus focos emisores cerca de lugares habitados, las leyes se recrudecen más aún a su favor. Hoy en día, las leyes protegen más los intereses de las compañías en vez de ser las garantes de la salud y el bienestar de la población. Pero estoy convencido de que esto va pronto a cambiar.

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